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Por Megan y Brooks

NUEVA YORK (Reuters Health) – Un equipo de Canadá publica en una edición especial de JAMA sobre la salud infantil que dos dosis de la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH) en las niñas serían tan efectivas como las tres dosis que se aplican en las mujeres jóvenes. Leer más

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Cada año, se dan 20 millones de nuevas infecciones
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La resistencia al antibiótico crece en Norteamérica y ya hay casos en España

  Madrid
Imagen microscópica de bacterias de gonococo. / CDC/ RENELLE WOODALLEl control de las enfermedades de transmisión sexual presenta una nueva amenaza: la cefixima, el antibiótico que se utiliza desde hace años para combatir la gonorrea, está empezando a no ser efectiva. La última voz de alarma viene de Canadá, donde un estudio realizado por un equipo capitaneado por la microbióloga Vanessa G. Allen muestra que el 7% de los pacientes tratados con este fármaco demostraron una resistencia al tratamiento, un porcentaje que crece en toda Norteamérica desde el año 2000. De los 133 pacientes que se sometieron a una prueba de curación tras el tratamiento en una clínica de Ontario, 13 de ellos mostraban aún la enfermedad tras el tratamiento con el antibiótico. Según los autores del estudio, el fracaso clínico ocurrió en 4 de 76 infecciones uretrales (5,26%), 2 de 7 infecciones faríngeas (28,6%), y 3 de 39 infecciones rectales (7,69%).

No es la primera vez que la gonorrea esquiva a los fármacos. En los años cuarenta se trató con sulfonamidas, en los años setenta con penicilinas y tetraciclinas, y en 2007, con fluoroquinolonas. Pero la gonorrea termina por hacerse inmune a los tratamientos. Las cefalosporinas son ahora mismo el único antibiótico recomendado para el tratamiento de esta enfermedad. “Sin embargo, la sensibilidad a las cefalosporinas orales está disminuyendo, y la eficacia de estos fármacos está amenazada”, concluye el estudio.

Ya en 2012 los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) actualizaron su recomendación para tratar la gonorrea. Aconsejaban sustituir la cefixima por otros antibióticos como azitromicina o doxiciclina.

La Organización Mundial de la Salud  advirtió en 2012 de una ‘supergonorrea’ resistente al tratamiento

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ya advirtió ese mismo año de la creación de una supergonorrea resistente al tratamiento. Se trata de cepas de esta enfermedad venérea que resisten a los antibióticos y que se están expandiendo por diferentes países desde que se descubriera en Japón en 2011. Ante la potencia de la bacteria y sin la ayuda de los fármacos, la única solución sería la detección temprana.

Julio Vázquez, investigador experto en microbiología del Instituto Carlos III tiene la clave de por qué la gonorrea se vuelve resistente: “El gonococo es una bacteria muy promiscua, es decir, intercambia mucho material genético con otras bacterias de su especie y entorno. Los cambios son al azar, pero solo se estabilizan en su ADN aquellos que son una ventaja evolutiva para las bacterias”. Eso explica por qué la sífilis se trata desde siempre con penicilina y la gonorrea se escapa cada pocos años a su tratamiento. El gonococo es una población de bacterias “claramente sexual” remacha Vázquez.

Cada año se estima que hay más de 700.000 casos de gonorrea en todo el mundo, es una de las infecciones sexuales más comunes. En países como Australia, Francia, Noruega, Suecia y Reino Unido no solo repunta el número de enfermos, sino los casos de resistencia. Lola Bou, de la Asociación Española de Dermatología y Venereología, explica que la pérdida de miedo ante el sida está haciendo que la gente se desproteja, por lo que aumenta el número de enfermedades de transmisión sexual y no solo la gonorrea. Para esta especialista, además de la protección son importantes dos factores más: “Hacer seguimiento a los enfermos para asegurar la curación y que no solo sea una fase asintomática y evitar automedicarse, fuente de la mayoría de las resistencias”.

Cada año se estima que hay más de 700.000 casos de gonorrea en todo el mundo

Lola Bou explica que las enfermedades venéreas están aumentando también en España. Por ejemplo, en Barcelona reapareció con fuerza en 2011 el linfogramulona venéreo, una infección que llevaba más de 20 años sin afectar a nadie en nuestro país. La sífilis creció un 16% durante 2010. La gonorrea se diagnostica por sus síntomas: secreciones, dolor al orinar y en las gónadas o el bajo abdomen. A veces aparece sin síntomas, por lo que es más difícil de diagnosticar. Entre sus consecuencias más feroces están la infertilidad y la creación de otras infecciones como conjuntivitis o uretritis.

Jorge Del Romero, portavoz de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica, dirige el Centro Sandoval de Madrid, el centro nacional de referencia en enfermedades de transmisión sexual en España. Confirma el aumento de casos en nuestro país: de los 91 casos que trataron en 2004 a los 369 durante el año pasado. Entre ellos ha aparecido un posible caso de resistencia al tratamiento. “Es un reto, porque las cepas resistentes suelen ser las que más se transmiten y de momento no hay más tratamientos que los conocidos. Esperemos que se descubra otro”, sentencia el doctor del Romero.

  • La prueba es aún preliminar y deberá ser validada en una muestra mayor
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EE UU aprueba la primera prueba casera del sida

La idea preocupa a los expertos por la falta de asesoramiento inmediato

La ventaja: sacar a la luz la infección oculta

EL PAIS. Desde la prevención a los tratamientos, no hay prácticamente un aspecto que tenga que ver con la infección por VIH (o con el sida que esta puede causar) que no esté rodeada de polémica. Cada paso que se da respecto a la última gran pandemia, que en poco más de 30 años ha llegado a todos los rincones del planeta y que afecta actualmente a 34 millones de personas en el mundo (unas 150.000 en España), levanta una polvareda. Y el último, la autorización por la Agencia del Medicamento estadounidense (FDA por sus siglas en inglés) de un test rápido de venta en farmacias para que cualquier persona se pueda hacer la prueba en casa, no ha sido una excepción.

Hasta ahora, hay dos maneras para saber si una persona está infectada por el VIH: un análisis de sangre, cuyos resultados tardan días, o una prueba en la que un dispositivo similar al de los test de embarazo detecta los anticuerpos a partir de una muestra de saliva del interesado. Una prueba fiable casi al 100% si da negativo, pero que necesita ser confirmada con la analítica tradicional si da positivo, indica Olivia Castillo, jefa del Área de Prevención (el mayor cargo a falta de que el Gobierno nombre a un responsable), del Plan Nacional para el Sida español.

Es este último tipo de prueba —la de la saliva—, la que EE UU ha aprobado para su venta sin receta. Se comercializará con el nombre de OraQuick, tendrá un precio de entre 28 y 48 euros y está diseñada, según la FDA, para que cualquiera pueda hacérsela a solas. Aunque este organismo advierte de que los resultados deben confirmarse con otros análisis adicionales. “Autorizamos su uso doméstico porque, para la persona, conocer su estado de salud es un factor esencial a la hora de prevenir esta enfermedad. Saber es el primer paso para combatir”, dice Karen Midthun, directora del centro para la Evaluación e Investigación Biológica de la FDA en un comunicado.

Algunos creen es hora de ser menos conservadores para combatir el sida

Pero ese argumento, el de la importancia de que cada vez más gente se haga las pruebas para que aflore la infección oculta, no convence a todos. Los expertos se muestran divididos entre quienes creen que cualquier tipo de prueba —casera o no— es buena y los que consideran que un test como el del VIH debe hacerse con asesoramiento médico.

En España, la prueba rápida solo se hace por el sistema sanitario o por organizaciones de atención al afectado. Aunque su venta libre en farmacias para una autoprueba “no sería ilegal”, pero ningún laboratorio lo ha solicitado, dice Castillo. Tampoco es complicada. Los ensayos que se han hecho muestran que más del 90% de los voluntarios hacía e interpretaba bien la prueba, explica.

Pero la controversia de este análisis casero es otra. De alguna manera, la gravedad que durante sus primeros 15 años acarreó la infección con su consecuencia, el sida, y su asociación con las conductas sexuales —lo que le ha dado aún más visibilidad— hicieron que alrededor del VIH se montaran unas estructuras y pautas que ahora pueden quedar en entredicho. Es lo que en el lenguaje del activismo se llama “counselling [asesoramiento] y apoyo”, admite Castillo.

La idea es que antes de hacer la prueba, durante los 20 minutos que se tarda en obtener el resultado y en el momento de dar el diagnóstico se puede hacer una importante labor de información al afectado. Si da negativo, para reforzar conductas de prevención; si no, para dar orientación y apoyo, que, en el caso de una ONG como Apoyo Positivo, llega a ofrecer terapias individuales y grupales o servicios de acompañamiento al sistema sanitario, como indica su responsable del Área de Prevención, Iosu Azqueta.

Ferran Pujol, de la ONG Hispanosida, que dirige el centro Bcn Chackpoint, un referente a la hora de hacer la prueba rápida, con más de 3.000 al año, es un firme defensor de las ventajas de este sistema. “Sinceramente, la venta libre no me parece admisible”, dice tajante. Organizaciones como la Plataforma del VIH en Europa afirman rotundamente que “la prueba, si no está vinculada al acceso al tratamiento, no es ética”.

El problema del diagnóstico tardío
está en quienes no
se creen en riesgo

Pujol cree que el diagnóstico del VIH es lo suficientemente grave o preocupante como para que lo dé alguien preparado. “Se dice que es lo mismo que con un embarazo, pero no es así. Para empezar, el embarazo no es una enfermedad. Para seguir, si el embarazo no es deseado tiene solución; con el VIH no es así”, afirma. “Pero nadie aceptaría que un médico le diera un diagnóstico de cáncer por SMS, por ejemplo”, añade Pujol. Es un diagnóstico que debe ser comunicado por un experto que pueda orientar los siguientes pasos a quien dé positivo, dice.

El coordinador del Plan Antisida del País Vasco, Daniel Zulaika, también se muestra crítico con que se vendan en la farmacia o por Internet pruebas caseras capaces de detectar en VIH. “No son unas pruebas como las de los embarazos o la glucosa. El del VIH no es el test más adecuado para autoadministrárselo; ni tiene la misma trascendencia ni una carga emocional tan potente”, opina. El experto en planes antisida recalca que la información es vital a la hora de afrontar el análisis: “Hemos comprobado que las personas llegan preocupadas y que alguien tiene que explicarles que existen falsos positivos y que la prueba hay que hacérsela tres meses después del posible contacto de riesgo, el periodo ventana”.

Azqueta, el responsable de la prueba en Apoyo Positivo, también defiende las ventajas del modelo actual. “Si una persona llega histérica a hacerse la prueba la dejamos en paz, pero, si no, es el momento de revisar qué pasa con su comportamiento, por qué ha tenido una práctica de riesgo. Y, si sale positivo, es el momento de aclarar las primeras dudas. Aún hay muchos que lo primero que preguntan es si se van a morir, y hay que explicarles que no, que hay tratamiento”, cuenta.

Esta idea de que es un diagnóstico en el que hay que estar acompañado de alguien con ciertos conocimientos es lo que había hecho que, hasta ahora, lo más lejos que se había llegado había sido a facilitar la prueba rápida a ONG —en Madrid, por ejemplo, es la propia Comunidad la que coordina el reparto y lo hace gratis— o a que se haga en farmacias; como en el País Vasco, Cataluña, Castilla y León o Ceuta. Donde funciona muy bien, según Castillo.

El caso vasco es claro. El modelo se implantó buscando un equilibrio entre accesibilidad, el anonimato y el consejo; y con el objetivo de lograr una mayor detección temprana de casos. Los test rápidos para la detección del virus —se usan unas gotas de sangre en lugar de saliva— realizados en más de 30 farmacias han sido un éxito, según Osakidetza, el sistema vasco de salud. Desde 2009 y por cinco euros, 9.500 personas se han hecho la prueba con el resultado de 95 positivos. Además, en las boticas se les asesora y se les deriva a centros especializados; una de las ventajas que aducen los impulsores de que se hagan allí las pruebas, que no tienen las caseras, donde el temor y el mal trago se afrontan en soledad. O no.

El análisis costará entre
28 y 48 euros y tardará
20 minutos en dar el resultado

Pero la cuestión es si este abordaje es suficiente. Los ensayos más recientes indican que el tratamiento es la mejor prevención para la transmisión del virus. Pero sin diagnóstico, no hay tratamiento posible. Y ese es el gran argumento de quienes creen que ha llegado la hora de “ser menos conservadores”, como dice la propia Castillo. En España se calcula que alrededor del 30% de las personas con VIH no sabe que está infectada. “Y la infección oculta es el gran problema”, apunta Pere Domingo, presidente del Grupo de Estudio de Sida de la Sociedad de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (Gesida). “Cualquier actuación que contribuya a desenmascarar la infección oculta es buena. Lo mejor es saberlo cuanto antes, y si es con este análisis casero, me parece bien”, afirma.

Domingo admite que “si se hace en casa, la situación es más compleja”. Pero lo tiene claro: “Compensa”. “Y, como si sale positivo luego hay que repetir la prueba en un centro de salud, lo único que sucede es que se dilata un poquito el asesoramiento. Son muchos los beneficios”, dice.

Enrique Ortega, presidente de la Sociedad Española Interdisciplinaria del Sida (Seisida), una organización que a diferencia de Gesida incluye también a ONG, está de acuerdo con que “teniendo en cuenta el problema del diagnóstico tardío”, esta sería “una forma más de luchar contra el VIH”. Eso sí, Ortega cree que tiene que haber una “muy buena coordinación con una unidad de enfermedades infecciosas”. Para él, la gran utilidad de la prueba casera está en que con ella se podría llegar a una población a la que no se accede normalmente, porque está sana y no van a los centros de salud. Para asegurar que los afectados no se pierden por el camino, cree que quizá se podrían poner unos teléfonos de atención para las personas a las que la prueba les diera positivo en las farmacias. En EE UU, el fabricante de la prueba, OraSure Technologies, ha asegurado que pondrá en marcha un centro de información abierto 24 horas del día.

Esa importancia de la información a la hora de hacerse la prueba y después es algo que menciona también Castillo: “Habría que cambiar los prospectos, probablemente para dar más información práctica” de adónde ir o qué hacer si sale positivo, admite.

También Zulaka, el responsable del plan antisida vasco, reconoce que el sistema tendría algunas consecuencias beneficiosas. “Quizá un mayor anonimato y poder hacer la prueba en la intimidad sea algo que pueda ser ventajoso para algún usuario de los análisis caseros, pero creemos que no compensa las otras desventajas”, concluye.

“No es como un test
de embarazo, esto requiere
apoyo”, dice un experto

Esta idea de que algunos podrían aprovecharse —en el buen sentido de la palabra— de un acceso aún más fácil también la comparte el responsable de Apoyo Positivo, Iosu Azqueta. Aunque defiende su modelo, en el que se atiende gratis a personas que piden cita previa. Para él no hay duda de que “comercializar la prueba puede ser cuantitativamente bueno: a más gente que se haga la prueba, más casos positivos [en el análisis] se van a identificar, y más se va a paralizar la epidemia”, admite.

Pero, por otra parte, esa misma idea de la comercialización de la prueba le parece un inconveniente. “Estamos hablando de un problema de salud pública, y debería ser gratuito”, opina Azqueta. Porque al cobrar se introduce otro factor de distorsión. “Si la prueba se vende, se produce una discriminación hacia quienes tienen menos medios, y eso disminuye su capacidad para decidir”.

También Pujol, el más reacio a que se cambie el actual sistema, pone el dedo en la llaga del dinero. “¿Quién se beneficiará con la venta? Tenemos un sistema que funciona y que sale barato a la Administración. Se puede incidir de manera voraz en el diagnóstico precoz, pero sin olvidar la ética”, insiste. Al “banalizar” la prueba, dice, se corre el riego de que se use de manera “abusiva”. “Se puede forzar a hacer la prueba en el ámbito doméstico para comprobar una infidelidad. O las redes de trata pueden obligar a las mujeres a hacérsela para seguirlas explotando y cobrar más a los clientes al asegurarles que la persona no tiene el VIH”.

Aun así, Pujol admite que para algunas personas “con suficiente formación” la autoprueba es una opción. “Pero a estas personas ya llegamos. El problema del diagnóstico tardío está en aquellos que no se reconocen como gais, o que tienen una relación con una transexual y llevan una doble vida”. Para Pujol, por tanto, la autoprueba podría crear otro grupo de afectados: los que sabiendo que han dado positivo, se lo niegan o no llegan al sistema sanitario. “Hasta nosotros perdemos a algunos con nuestro sistema”, dice, indicando que personas que reciben un diagnóstico positivo luego no acuden a los centros de salud para confirmar el resultado o, si su estado lo recomienda, al hospital a por medicación.

El asunto aún no ha llegado a España. Pero las alternativas están ahí. Ni solo ni acompañado el sapo de un diagnóstico positivo es fácil de tragar. La ventaja es que actualmente hay oferta suficiente para enmendar casi cualquier decisión que, por miedo o ignorancia, se tome al principio. Lo único es no dejarlo pasar.

Con información de Carolina García.