Aunque la incidencia de las ETS en realidad ha disminuido en los durante la última década, el número de esas infecciones en los niños y adolescentes aún es muy alto. Leer más

  • Entre un 47% y un 52% de las mujeres a nivel mundial sufre esta afección
  • Es la primera causa de dolor vaginal durante las relaciones sexuales
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Cada año, se dan 20 millones de nuevas infecciones
El virus del papiloma humano representa el 72% de estos casos Leer más

Patricia Matey | Madrid

Porque se rompen, se deslizan, acaban con la erección o se ponen en el momento inadecuado. Estos son los problemas más comunes que confiesa la población joven a la hora de usar un preservativo.

Aleksandar Stulhofer, de la Universidad de Zagreb (Croacia), en colaboración con Valerio Bácak, de la de Pensilvania (EEUU) han llevado a cabo una investigación que pone sobre la mesa las dificultades frecuentes a la hora de hacer uso de un condón.

“Por debajo de la abstinencia, el uso masculino del preservativo es el método más eficaz para protegerse de las enfermedades de transmisión sexual (ETS), incluido el VIH. La mayoría de los estudios que han analizado los factores sexuales riesgo en la población joven se ha centrado en la frecuencia en el uso del preservativo. Otras cuestiones relativas a cómo se utiliza han sido menos indagadas. Sin embargo, no existe ninguna razón para asumir que su empleo reiterado se esté llevando a cabo de la forma correcta para evitar ETS”, detallan los investigadores en ‘Archives of Sexual Behavior’ .

De hecho, los hombres y mujeres jóvenes “se enfrentan a múltiples problemas y posibles errores relacionados con el preservativo, como ponerlo cuando la penetración ya se ha iniciado o perder la erección en el momento de aplicarlo”, detallan.

En la nueva investigación, entre febrero y marzo de 2010, los autores seleccionaron a 1.005 hombres y mujeres de entre 18 y 25 años croatas, de los cuales 679 confesaron haber hecho uso del preservativo en el año anterior.

Los participantes rellenaron varios cuestionarios sobre la frecuencia de su uso, si los empleaban después de haber consumido alcohol, en qué momento de la relación, cómo se sentían con el preservativo y qué problemas se habían encontrado a la hora de utilizarlo, entre otras cuestiones.

“En la línea de investigaciones anteriores, nuestros datos sugieren que no se encontraron muchas diferencias entre hombres y mujeres a la hora de confesar errores con el uso del condón. La diferencia de género sólo se halló en la prevalencia de roturas del preservativo”.

Asimismo, los datos revelan “que aquéllos que habían bebido alcohol o tomado drogas antes de su uso eran los que con más frecuencia anunciaban haber tenido problemas de rasgados”.

Los problemas

En cuanto a las cifras, el estudio revela que un 18% reconoció que el condón se había roto, un 13% que se había deslizado hacia adelante, un 17% destacó haber perdido la erección en el momento de ponérselo mientras que un 34% había hecho uso de él cuando ya había procedido a la penetración.

“Más de la mitad de los jóvenes adultos de este estudio nacional asume haber tenido al menos un error o problema con el uso del preservativo en el último año. Su utilización adecuada es un bien público importante para la salud de todos. Se necesitan investigaciones más detalladas para evaluar la frecuencia de los errores y problemas en el uso del condón, además de establecer las situaciones particulares que conducen a los mismos”, insisten los investigadores.

Defienden, asimismo, que una de las “prioridades de las administraciones sanitarias para la protección de la salud sexual y reproductiva de los jóvenes debe ser la de educar en la habilidad en el uso de condones, una tarea que está siendo mal atendida”.

Decía Woody Allen que el sexo es lo más divertido que se puede hacer sin reír. Sin embargo, hay veces que la exposición a ese momento puede acarrear más de un problema. Si hablamos de jóvenes, y más concretamente varones, podemos encontrarnos con el temido ‘gatillazo’. No se trata de disfunción eréctil, sino de pérdidas de erección transitoria y esporádicas. Aunque no es frecuente en jóvenes, lo cierto es que este problema sigue “alborotando” la cabeza de muchos chicos cuando piensan en sexo. Leer más

– Jenna*

La simple respuesta es: Sí. Es posible que una joven quede embarazada la primera vez que tiene relaciones sexuales. Cada vez que una joven tiene una relación sexual vaginal con un hombre, corre el riesgo de quedar embarazada. La mujer puede quedar embarazada aunque el hombre eyacule fuera, pero cerca, de su vagina o que retire su pene antes del orgasmo. Leer más

Cristina de Martos | Madrid

La prevalencia de las enfermedades de transmisión sexual (ETS) entre las mujeres que tienen sexo con mujeres, independientemente de su orientación sexual, es similar a la de las heterosexuales. Sin embargo, la invisibilidad del colectivo, la falta de información y, muchas veces, de sensibilidad por parte de los facultativos lleva a la falsa percepción de que las prácticas sexuales lésbicas son seguras, con las consecuencias que esto puede tener para la salud.

“Nadie es inmune a las infecciones de transmisión sexual”, asegura Rubén Sancho, Coordinador del Área de Salud y VIH-sida de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (FELGTB). “Las lesbianas, bisexuales y mujeres que tienen sexo con mujeres (MSM) también tienen riesgo y éste varía en función de sus prácticas sexuales, no de su identidad”.

ETS frecuentes

Ése riesgo es exactamente el mismo que el de las mujeres heterosexuales, con una prevalencia de ETS que se sitúa entre el 10% y el 20%. Ésta es una de las conclusiones de un informe elaborado por la FELGTB sobre la sexualidad de las mujeres que mantienen relaciones con mujeres, que representan aproximadamente el 8% de la población, mientras que el 1,5% se identifica como lesbiana o bisexual, según estudios internacionales.

El trabajo, con un “carácter más reivindicativo que académico”, según reconoce el propio Sancho, es un reflejo de la situación de invisibilidad en la que vive este colectivo. Ésta se manifiesta en la escasa información en la literatura científica y en la ausencia de datos sobre salud sexual de las MSM en España, que dificultan la identificación y caracterización de esta “epidemia silente” de ETS entre las MSM.

Uno de los estudios utilizados para elaborar este informe se publicó en la revista ‘Sexual Health‘ en 2005 y es el mayor de cuantos se han hecho hasta la fecha. Cerca de 7.000 mujeres que se identificaron a sí mismas como lesbianas tomaron parte y un 17% había recibido al menos una vez un diagnóstico de una ETS. Las tricomonas fueron la infección más frecuente (6%), seguidas del virus del papiloma humano (4,8%), las clamidias (4,6%) y el herpes genital (3,3%).

En este trabajo no se incluyeron la candidiasis y la vaginosis bacteriana que, según otras investigaciones, son las infecciones que más se transmiten entre las mujeres, según apunta el informe de la FELGTB. Las consecuencias de estas enfermedades, que a veces pasan desapercibidas al no provocar síntomas, pueden llevar incluso a la infertilidad y, en muchos casos, obligan a tratar tanto a la paciente como a su pareja. Pero esto, cuando se habla de mujeres con relaciones homosexuales, no siempre sucede.

El caso de María (nombre ficticio) es el de tantas chicas que acuden a la consulta del ginecólogo. En su caso, le detectaron “un cúmulo de células sospechoso” en una revisión. “[La doctora] me dijo que podía ser una verruga u otra cosa pero que tenía que acudir cada seis meses para revisarlo”, explica la joven a este medio, “porque podía tratarse del virus del papiloma humano”.

Ella pensaba, algo habitual en el colectivo y la sociedad, que el VPH “sólo se transmite por sexo sin protección con hombres” pero, tal y como le explicó a la ginecóloga, ése no podía ser su caso. “Me preocupé porque, entonces, yo se lo podría transmitir a mi pareja yle dije que tal vez debería tomar precauciones, pero ella me dijo que no“. La doctora tampoco consideró oportuno que la pareja de María acudiera a una revisión para evaluar su estado.

‘Abandono sanitario’

Las ideas erróneas de María son frecuentes entre las mujeres, también entre las que tienen sexo con mujeres. “Muchas de ellas no acuden al ginecólogo porque piensan que estas prácticas no son de riesgo y algunas, cuando van, se encuentran con una atención deficiente”, asegura Isabel Portero, médico que ha participado en la elaboración de este informe.

Ésta especialista califica la situación en la que se encuentran las MSM de “desamparo sanitario” provocado por un “desconocimiento genuino” de los facultativos. “Se han hecho asunciones equivocadas. La primera es que todas las mujeres son heterosexuales, y en eso se basa el funcionamiento del sistema sanitario. Esto supone una barrera a la hora de hablar de prácticas homosexuales”, a la que hay que sumar el miedo y los prejuicios. “La segunda –continúa– es que se piensa que el riesgo de las relaciones entre mujeres es cero“.

Esta falsa percepción de seguridad forma parte del imaginario colectivo, también de las MSM. En un estudio publicado en ‘Journal of The Gay and Lesbian Medical Association‘, el 84% de las 500 participantes dijo que no había incurrido en ninguna práctica de riesgo en sus relaciones durante el último año y el 61% declaró no haberlo hecho en toda su vida.

Sin embargo, como subrayan desde la FELGTB y en contra de la creencia popular, existen prácticas de riesgo en las relaciones lésbicas, además de los factores que afectan a cualquier individuo, independientemente de cómo se identifique: número de parejas sexuales, presencia de una ETS, uso de drogas, etc.

“Es surrealista asociar las infecciones de transmisión sexual sólo con el coito clásico”, se lamenta Portero. Pero es muy frecuente.

Actitudes erróneas

Estas suposiciones llevan a las MSM a tomar muchas menos precauciones en la cama. Aunque la información disponible al respecto es escasa, la publicada hasta la fecha arroja porcentajes muy bajos. Un trabajo publicado en ‘American Journal of Public Health‘ habla de un 11% de mujeres que había utilizado un método de barrera con otra mujer. En otro, sólo un 7% lo había usado y un 21% lo había sugerido a sus parejas. Incluso aquéllas que tienen sexo con hombres –un 80% de las que se consideran lesbianas lo ha hecho alguna vez– “se protegen menos que las exclusivamente heterosexuales”, subraya Sancho.

“Estos datos nos dicen que tenemos que ponernos manos a la obra”, reconoce. “Por un lado, hay que trabajar con las administraciones para que la salud sexual y reproductiva en España no se limite a lo último”.

En el terreno médico, indica Portero, “tendría que existir un apartado específico sobre las ETS en el colectivo gay, lésbico, transexual y bisexual”, cosa que la inmensa mayoría de los planes de estudios obvia, según un estudio publicado el pasado mes de septiembre por la revista ‘JAMA’. Junto con una mejor educación de los profesionales sanitarios, desde la FELGTB consideran necesario poner en marcha campañas de sensibilización de las mujeres que tienen relaciones homosexuales para que acudan a los controles ginecológicos a los que debe someterse cualquiera sexualmente activo.

“Las MSM se han situado al margen y también la sociedad las ha colocado fuera”, señala Sancho. “Pero la idea de que la identidad es un elemento protector es falsa –continúa– así que la actitud frente a las ETS, tanto de los profesionales como de las mujeres, debe ajustarse a las prácticas y no a la orientación sexual“.

Por Genevra Pittman

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